La promesa de Laura
A los diez años, Laura entendió que su madre estaba cansada. No era el cansancio de un día difícil, sino ese cansancio que se acumula durante años y termina convirtiéndose en una forma de vivir.
Entonces hizo una promesa.
Algún día su madre dejaría de trabajar así. Algún día su familia tendría una vida distinta.
Laura todavía era una niña, pero desde ese momento comenzó a caminar con una idea que parecía demasiado grande para sus manos. Vendió dulces en la escuela, ayudó en casa y aprendió a convertir cada necesidad en un motivo para seguir adelante. Por las noches, cuando el día finalmente terminaba, imaginaba otra vida: una en la que pudiera convertirse en profesionista y devolverle a los suyos todo lo que habían hecho por ella.
El camino sería mucho más largo de lo que podía imaginar. La vida le enseñaría pronto que una promesa no se cumple con deseos, sino con años de esfuerzo, pérdidas, decisiones y renuncias.
Y Laura tendría que crecer antes de tiempo.
Porque algunas promesas duran un instante. La de Laura duraría toda una vida.