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Del ateo al encuentro con Dios
Yo fui un ateo militante y bien documentado; mi único norte era combatir a los cristianos porque los consideraba ignorantes por creer
en la existencia de un Dios que no se puede ver. Afirmaba que la gente inventa dioses ante la imposibilidad de saber qué hay después de la muerte. Me parecía odioso que las personas afirmaran ser criaturas
hechas a imagen y semejanza de Dios, cuando en la escuela
laica me habían enseñado que lo más probable era que los
seres humanos compartieran un ancestro común con los
simios y que fueran el resultado de un largo proceso evolutivo.