Nunca fuiste impostora
Hay ocasiones en las que nos ocupamos más de lo exterior que de lo que llevamos en nuestro corazón, en nuestra memoria; experiencias de dolor, de abandono o culpas que atormentan y que se encuentran allí, al acecho, desde hace meses, desde hace muchos años y que nos impiden vivir en paz, ser realmente felices. En este libro, la autora hace un acercamiento frontal, sincero y a veces muy doloroso al niño interior que nos habita, ese niño escondido en resentimiento, angustia, abandono, amargura o soledad. Con gran asertividad, Anamar nos explica que hay heridas de nuestra infancia que tienen que ver con la mala relación con nuestros padres o con su ausencia, con recuerdos trágicos o experiencias tristes que nos marcaron para siempre, por esto debemos trabajar de inmediato para que no crezca el dolor, la inseguridad o el miedo. Nos invita a descubrir a ese niño herido oculto en nuestros rencores o tristezas y darle luz, cobijo para que trascienda sus heridas y logre dejar esa zona de oscuridad que lo amordaza y lo somete.