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Detalle
ISBN 978-607-647-147-0

Material de Lectura
Miyó Vestrini

Autor:Fauvelle Ripert, Marie-José
Colaboradores:
D´Angelo, Oriette (Compilador)
D´Angelo, Oriette (Prologuista)
Editorial:Universidad Nacional Autónoma de México
Materia:Poesía venezolana
Público objetivo:General
Publicado:2026-08-17
Número de edición:1
Número de páginas:54
Tamaño:13.5x21cm.
Precio:$40
Encuadernación:Tapa blanda o rústica
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

No es una exageración decir que la poesía de Miyó Vestrini pasó desapercibida durante mucho tiempo. A pesar de haber publicado tres poemarios en vida y de pertenecer al grupo literario Apocalipsis —creado en 1955. Su poesía, descarnada, cruda y voraz, se asomaba en los espacios literarios como un cuchillo al que muchos le tenían miedo. ¿Cómo era posible que una mujer de los años setenta —francesa de nacimiento y venezolanizada— escribiera la palabra “arrechera” en un poema? ¿Cómo se atrevía ella, mujer, a hablar descaradamente del sexo y de la inconformidad del cuerpo en el mismo libro en el que hablaba de su infancia y de su madre? ¿Cómo se atrevía ella, mujer, a compartir tragos y camaradería con los hombres de su generación en los bares más concurridos de Sabana Grande? Peleona, agitada y poco complaciente, Miyó Vestrini escribió sin ataduras y supo expresar su insatisfacción con una época a la que creía que no pertenecía. Fue de las primeras poetas, junto a Ida Gramcko y Martha Kornblith, en hablar de manera descarnada sobre la salud mental. Su poema más emblemático, el himno con el que muchos se asoman a su obra por primera vez, es una oda a una zanahoria rallada que alimenta a alguien a través de un tubo por la nariz tras un primer intento de suicidio. El “yo” poético observa el asco de las enfermeras y de los doctores, para quienes la casi-muerte es un asunto cotidiano. Vestrini también sabía representar la poética de lo desagradable y del asombro ante el horror: los malos olores, los callejones y la promesa de un país que generaba su propio desperdicio. Una poeta única, sin duda, que escribió con rabia y se paró frente al mundo que la abrumaba. Para Vestrini, hablar del cuerpo era un acto de conmoción absoluta.

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