El testigo por venir
En El testigo por venir se presentan dos ensayos que abordan la dimensión ética del testimonio. Se habla a menudo de la «desaparición de los testigos». En un mundo que, al parecer, olvida cada vez las condiciones de vida y de muerte en un lugar como la prisión de la calle Merlin, en Atenas, cuartel general de las SS donde se torturaba y asesinaba a los miembros de la resistencia griega, o las del campo de Auschwitz-Birkenau y de la liberación misma del campo, el 27 de enero de 1945. ¿Estamos verdaderamente lejos de esta historia? En absoluto, si bien es cierto que nuestra actualidad, aunque desplaza y focaliza la atención de un acontecimiento a otro —digamos, por ejemplo, todavía con ochenta años de distancia: del gueto de Varsovia en 1943 al enclave de Gaza en 2023—, no es, en definitiva, más que nuestra historia que continúa por otros medios, según la célebre fórmula de Clausewitz sobre la guerra y la política. Esta historia no nos resulta así, ajena. Por eso, a menudo sentimos que nuestro presente es un fracaso ante lo que llamamos «las lecciones de la historia»: nos atormenta la sensación de no haber sabido transmitirlas, le damos vueltas a la pregunta —y a la culpa— de qué hacer, qué decir, qué reconstruir en ausencia de los verdaderos testigos, y en el momento mismo en que los viejos fascismos e imperialismos, los viejos racismos y negacionismos se reciclan en nuevas formas que proliferan por doquier mientras el terror continúa casi ante nuestros ojos golpeando —con una crueldad tan brutal como sofisticada— a las poblaciones civiles en innumerables lugares del mundo.