El barrio que fuimos
Leer estas páginas exige evitar dos extremos: idealizar el barrio o mirarlo desde la superioridad. No se trata de admirar la pobreza ni de juzgar a quienes vivieron bajo sus condiciones. Se trata de comprender una experiencia humana marcada por la desigualdad, pero también por la capacidad de crear vínculos, producir belleza y mantener viva la esperanza.
El barrio de este relato quizá ya no exista de la misma manera. Sus calles cambiaron, sus casas crecieron y sus habitantes envejecieron. Sin embargo, permanece en la memoria, en el cuerpo, en la música y en la forma de hablar de quien lo recuerda. Permanece también en las preguntas que deja abiertas: ¿cuánto de aquel pasado continúa entre nosotros?, ¿qué violencias seguimos llamando costumbre?, ¿qué trabajos continúan siendo invisibles?, ¿qué parte de la comunidad hemos perdido y cuál necesitamos reconstruir?
Estas páginas nos invitan a leer un barrio, pero también a leer el mundo que lo hizo posible.