El libro de la esperanza climática
Nuestro planeta es un paraíso incendiado por el inagotable deseo de explotación. Hemos incrementado 1.2°C con respecto a la era preindustrial de finales del siglo XIX. La gran mayoría de los desastres climáticos de los últimos años —feroces incendios, pérdida de especies, colapsos de ecosistemas, huracanes desproporcionados, sequías prolongadas, calores extremos, erosión costera, acidificación de océanos— han ocurrido o se han incrementado por esa pequeña variación. Y sí, el capitalismo es el culpable. El 1 % más rico de la población contamina lo mismo que el 66 % más pobre; las emisiones de los primeros provocan 1.3 millones de muertes cada año por calor extremo. ¿Qué hacer ante este panorama? Lo primero, nos dice Pablo Montaño, es reconocer en dónde nos encontramos. Después, no caer en las trampas discursivas del catastrofismo ni del “granito de arena”. Y después: jugar como si estuviéramos perdiendo (porque lo estamos). Para ello, es vital comunicar, organizar y accionar, todo de forma efectiva. Hay esperanza, pero sólo si asumimos el reto con responsabilidad y con imaginación.