Acompañar el quehacer educativo desde las Prácticas Narrativas
Este libro ha sido un recorrido, una conversación abierta con la vida escolar de Yucatán. Un intento por mostrar que la escuela puede ser espacio de vínculos significativos, de historias que se sostienen entre sí, de experiencias compartidas. Que nombrar lo que duele también es necesario. Que contar lo que hemos logrado, aunque parezca pequeño, es sembrar memoria.
Cerrar estas páginas no significa cerrar la conversación. Es apenas un alto para tomar aire, para seguir hilando. Que este texto sirva como un recordatorio de que vale la pena insistir: en la escucha, en la posibilidad de una escuela distinta… Una donde todas las personas podamos sentirnos parte.