El espejo negro de la nación
Petróleo e identidad en México
Este libro sigue la estela de los estudios sobre nacionalismo que demuestran que las naciones y las identidades nacionales son constructos históricos. De este modo, lo que aquí se ofrece no es una historia económica del petróleo y de Pemex, sino un análisis cultural para descubrir cómo ambos fueron “leídos” en el terreno de la identidad nacional. Se estudian los significados, los rituales y las narrativas que hicieron del petróleo parte central del relato patrio mexicano. También se muestra a Pemex como empresa que no se limitó al campo energético, pues asimismo tuvo una faceta como difusora de imaginarios nacionalistas.
El libro responde a tres cuestiones de fondo que aún no han sido zanjadas por la historiografía: ¿de qué formas el nacionalismo operó no sólo para declarar la soberanía sobre el petróleo, sino también para dotarlo de una dimensión patriótica? ¿Por qué de todas las expropiaciones hechas en la historia de México, la de la industria petrolera fue la única que se volvió motivo de culto nacional? ¿Qué relaciones existieron entre el tema petrolero y las representaciones nacionalistas sobre lo que significa México, lo mexicano y los mexicanos?
El tema se desarrolla en un arco temporal que inicia en 1914, cuando Venustiano Carranza emprendió una política petrolera enmarcada en un nacionalismo económico que dio lugar a las primeras representaciones patrióticas sobre el petróleo. Se concluye en 1988 porque ese año marcó un punto de quiebre en la relación entre nacionalismo y petróleo: la celebración del 50 aniversario de la expropiación petrolera fue trastocada cuando la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas organizó una conmemoración alterna y abrió la discusión sobre cómo, por qué y para qué celebrar el 18 de marzo y sobre la relación que debía prevalecer entre petróleo y nación.
El libro no delimitó un espacio de análisis específico, por el contrario, se retomó en información proveniente de diversos lugares de la República, ya que al ocuparse de un proceso de construcción nacional estamos ante símbolos y narrativas producidos —y reproducidos— en distintas regiones del país. Aunque muchas veces la Ciudad de México fue protagonista en este proceso, las ideas allí vertidas circularon por el resto del territorio gracias a medios de información.