La guerra que no vivimos: Palimpsesto familiar
En esta investigación hay una preocupación por dar cuenta de esta memoria poco abordada en el marco del conflicto armado: la de quienes no lo hemos vivido directa y permanentemente. En Colombia, cada uno de los actores enfrentados ha procurado establecer un relato de lo ocurrido (la versión oficial de los sucesivos gobiernos y los discursos subversivos de las guerrillas) y, al mismo tiempo, ha existido un importante esfuerzo por parte de la academia y el periodismo (con los aportes destacados del Centro de Memoria Histórica) para dar voz a las víctimas. Sin embargo, no ha habido una labor similar en lo que respecta a las historias de quienes hemos tenido la fortuna de haber vivido la violencia desde otra orilla, sin haber sido particularmente afectados por ella, pero siempre presenciándola de alguna manera.
Esto no significa que hayamos mantenido una distancia radical de los eventos que han marcado al país ni que hayamos, por tanto, perdido de vista la importancia de su contexto social y político. Si algo puede evidenciarse en este escrito es que la violencia política ha estado presente en la vida cotidiana de una familia alejada del conflicto: las bromas de un abuelo y los secretos de una abuela, las decisiones de una madre y las visiones antagónicas de dos padres forman parte de una memoria en la que a veces coinciden y a veces divergen las distintas interpretaciones que se tienen sobre la violencia en Colombia.