Tú, que bailaste desnuda
Poetas cubanas
Nacidas a lo largo de las cuatro décadas finales del siglo pasado, desde 1960 hasta 1998, en nueve de las quince provincias de Cuba, estas poetas se ganan la vida como guionistas, informáticas, enfermeras, traductoras; tienen una vida profesional como gestoras culturales, traductoras, investigadoras: se dedican a la docencia, al periodismo, al derecho, y viven hoy en su ciudad natal, en su pueblo, en La Habana, en Miami, en Madrid, en París.
La familia, el padre, la abuela, pueden estar firmemente enclavados en el centro del poema, pero ese centro irra9
dia en dos sentidos opuestos: hacia la introspección y la búsqueda ontológica, y hacia el espacio público: la herida social, la historia reciente o remota, la polis, la Matria, que ahora sustituye el tradicional orgullo patrio por el dolor y la vergüenza de la decadencia, la ruina y la miseria. Mientras tanto, la búsqueda del ser suele conducir a espacios poco explorados por la poesía insular, menos aún por la poesía femenina: el yo desemboca en santa, en puta, en fantasma, en perra, en leproso, en un angustiado no ser, incapaz de reconocerse ni en la otredad, ni en la mismidad.
A pesar de todo, de alguna manera amarga y lúcida, en medio de la pérdida, sobreviven los antiguos héroes bajo el salitre que corroe el bronce de las estatuas. Héroes ya humanizados, despojados de la antigua y rancia aura de santidad que nadie puede creerse, todavía siguen muriendo por un ideal ya no tan glorioso, pero al menos más sólido que el presente.