Delirio redentor
Estamos frente a una obra que se adentra en la violencia intrafamiliar a lo largo de tres generaciones… La autora, con una narrativa donde lo mismo es protagonista y testigo, genera una tensión que se mantiene a la largo de toda la narración y hace evidente cómo las relaciones familiares, la historia entre padres, hijos, familia anexa y las interacciones de poder, son infinitamente complejas, pues contienen (y ocultan) conflictos irresolubles, bajo la imagen de normalidad dictada en una sociedad patriarcal, como México.
Se trata de una novela que transcurre en un sector social que, en los años setenta del siglo pasado, mantenía estándares de educación muy estrictos y verticales, bajo la lógica de que “la ropa sucia se lava en casa”, haciendo difícil que las contradicciones salieran a flote.
Somos testigos mudos del amor de pareja, de las ilusiones, los primeros lazos filiales, pero, también, del abuso de poder, la violencia, las infancias fragmentadas, el engaño y las mentiras, que convierten a las relaciones familiares en un concepto muy complicado en donde no hay buenos ni malos, sino seres humanos con sus propias cargas emocionales, limitaciones, delirios y por qué no, malas decisiones. La autora nos presenta a una niña que se sorprende, una joven que rompe y acepta, una mujer adulta que reflexiona y, a través de ella, nos muestra un universo que de verdad existe, silencioso y todavía vigente.
Estamos frente a un texto que nos provoca para preguntarnos si estaríamos dispuestos a mirar al miedo a los ojos, en el encuentro de las bestias del pasado y en busca de reconstruir, si es posible, el amor.