Aún te quedan ratones por cazar
Ryo no entiende por qué la guerra se ha llevado a su padre lejos de Nagasaki. Todo
ha cambiado: ya no se escuchan las campanillas de los narradores anunciando su
llegada, los alimentos escasean, y su amiga Reiko no parece la misma. Su madre
está triste y la dureza de su abuela Saya no ayuda.