Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Carta de una desconocida, Confusión de sentimientos
En las novelas de Stefan Zweig existe una marcada inclinación hacia lo perverso, hacia aquello que se opone a la propia naturaleza. Sus personajes son almas en llamas, seres carentes de prudencia razonadora, que se consumen en el ansia devoradora del instante. Todo en ellos es pasión exaltada, desplegada en regiones de las que no se regresa: el trágico desenlace amoroso, la confusión demoníaca de los sexos, la seducción irrefrenable de la muerte, el crimen que satisface la venganza.
En Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Stefan Zweig sugiere que la mujer, en determinados momentos de su vida, contra su voluntad y aun contra la conciencia del deber, se halla indefensa frente a fuerzas emocionales hasta entonces desconocidas, que la arrastran más allá de toda reflexión y de toda medida.
Así, para el autor, todos somos sensibles a las grandes ansiedades de la existencia, de las que no podemos huir sin fugarnos de nosotros mismos.