Yesteryear
Natalie tiene un estilo de vida tradicional. Su encantadora casa es rústica, su esposo es un guapo vaquero, sus seis hijos, a cual más encantador. ¿Y qué si hay niñeras y productores tras bambalinas, su cocina esconde refrigeradores y hornos industriales, y su esposo es el heredero de una dinastía política? Lo que los seguidores de Natalie –los 8 millones de ellos– no saben no les hará daño. ¿Y las mujeres iracundas? ¿Las haters privilegiadas de la Ivy League que la llaman iconoclasta antifeminista? Están enfermas de celos porque Natalie no sólo está viviendo la buena vida, sino la vida ideal, y sólo es casualidad que esté construyendo un imperio con base en ella.
Hasta que una mañana despierta en una vida que no es la suya. Su casa, su esposo, sus hijos… Todos le resultan familiares, pero algo está mal. Lo que calienta su cocina es un fuego titilante y no la electricidad, sus hijos están sucios y se ven extraños, su delicado esposo de pronto es un granjero competente. Apenas ayer, Natalie estaba seleccionando fotos de mermelada casera para su Instagram y ahora se espera que cargue leña y lave ropa a mano hasta que sus dedos sangren. ¿Se ha convertido acaso en la estrella involuntaria de un reality show? ¿Podría tratarse de un viaje en el tiempo? ¿Será que Dios la está poniendo a prueba? ¿O Satanás? Cuando Natalie se lastima brutalmente en el bosque, se da cuenta de dos cosas: ésta no es su vida bella y debe escapar a toda costa.