Querida Inés
La herencia que no se pudo nombrar ni se quiso mirar
Y con su muerte, Julieta toma la decisión más difícil de su vida:
revelar el secreto que durante años fracturó en silencio a su familia.
No lo hace por venganza ni por justicia. Lo hace como último recurso
para recuperar lo que siente que le fue arrebatado: su lugar como
hija, como hermana, como socia.
Dirige su relato a Inés, su hija, quien murió en su vientre a los cinco
meses de gestación. Y escribe pensando en quienes vendrán.
Ésta es la historia de una familia particular y el espejo incómodo de
todas las familias: sus vínculos, sus silencios, los roles que se heredan
sin querer. Porque no existen las familias disfuncionales. Existen las
diferentes y las desacomodadas. Y cada una carga con lo suyo.
No es una historia de víctimas ni de villanos. Es una historia de seres
humanos que hicieron lo que pudieron con lo que tenían. De un
hombre que cargó en silencio lo que no tuvo palabras para nombrar.
Y de su hija que descubrió que su confusión tenía autor. Rodrigo y
Julieta tienen algo en común: algunos capítulos de sus vidas fueron
escritos por otros.
Con honestidad y una compasión ganada a pulso, la autora nos
recuerda que nombrar lo que duele es el primer acto de libertad.