En mi mente sigo jugando futbol
Segundo tiempo
Leer estos cuentos me hizo bajar la guardia. Mientras avanzaba en sus páginas, volví a ser ese niño que corría detrás de un balón sin preocuparse por tácticas ni resultados; ese que prefería ensuciarse de tierra antes que pensar en ganar. Ahí estaba la esencia del futbol: jugar, reír y disfrutar.
Con el tiempo, el profesionalismo convierte todo en presión, espectáculo y negocio. Y uno termina olvidando por qué empezó a jugar.
Por eso este libro importa: porque nos recuerda que, antes de los reflectores y las estadísticas, el futbol fue un juego capaz de unir personas y regalar alegría.
Hoy, desde la mirada de un futbolista veterano, con la nostalgia en cada recuerdo y con el cuerpo ya incapaz de hacer todo lo que la mente imagina, solo puedo decir: nunca dejen de mirar el futbol como realmente es.
Porque, al final, la parte más importante del futbol siempre será disfrutarlo.