Pájaros y nubes inscritos en el aire
Juan Manuel Bonilla Soto se intriga por el cantar que sobrepasa al ave para fijarse como una pausa dirigida siempre al punto cardinal de lo sensible e incomprensible. Siempre orientado al sonido, como para prescindir del ave material que lo emite (y que tal vez se haya extraviado en su calistenia emplumada), pero dejando siempre la huella espiritual de lo cantado: solve et coagula.
Este libro es la demostración de una imaginación gobernada, de una gama temática dirigida por la voluntad. Sus variantes dialogan y se complementan. Sus ocasionales cambios de expresión añaden especias de mayor aventura a su discurso. Lo que resulta de todo ello es un cúmulo de pájaros y nubes inscritos en el aire.