La seguridad internacional frente a las emergencias sanitarias
El mundo es vulnerable en materia de salud pública. Hoy, como nunca en la historia, se observa la proliferación de enfermedades nuevas, que, sumadas a las existentes, plantean serios desafíos a las sociedades modernas. La globalización, desde el punto de vista de la salud pública, hace posible una rápida difusión de las enfermedades, por ejemplo, a través de los millones de personas que año con año viajan no sólo dentro de un país, sino a diversas latitudes, incluso remotas. La información sobre brotes de enfermedades también circula casi a la misma velocidad, y ello genera pánico y ansiedad en las personas. Hay también que ponderar factores como la rápida y creciente urbanización, la agricultura intensiva, el deterioro ambiental, el comercio internacional y la incapacidad de producir agentes antimicrobianos al ritmo del surgimiento e incidencia de las enfermedades. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año surge al menos, una nueva enfermedad, y su propagación se ve facilitada por los factores descritos.
A estos desafíos hay que sumar una escasa gobernanza global provocada, al menos en parte, por el nacionalismo exacerbado de algunos países; la crisis de las instituciones; las noticias falsas; los movimientos antivacunas, hoy instalados, como se observa en Estados Unidos, en posiciones decisorias; y el surgimiento de otras prioridades en la agenda internacional que llevan a que se olvide la manera en que el mundo se detuvo ante la pandemia del SARS-CoV2, y por lo mismo, no se produzca una correcta preparación de cara a las pandemias que vienen.
En La seguridad internacional frente a las emergencias sanitarias, los autores apelan a las lecciones aprendidas respecto a las pandemias del presente siglo, debido a su evidente capacidad disruptiva y a sus impactos en la agenda de seguridad internacional, donde, lamentablemente, este tema ya no parece ser una prioridad