Ciclos I ¡Fiesta de verano, la fiesta del amor!
Andrea, una mujer de cuarenta y cinco años, docente de profesión, llevaba una vida tranquila al lado de su familia. Dedicada a ser pareja, madre y maestra, daba lo mejor de sí en todo lo que hacía; sin embargo, había una parte de ella que necesitaba algo más y no identificaba qué era. Su padre, un anciano de noventa años que vivía solo a muchos kilómetros de donde ella radicaba ya no podía ser autosuficiente, por lo que fue necesaria la compañía y atención de sus hijas e hijos. Andrea decidió cumplir con el deber moral de estar presente, pues todo indicaba que el final del ciclo de vida de Don Joseph se acercaba y lo menos que podía hacer era estar con él para agradecerle por tantos aprendizajes. Con algunos contratiempos, decidió viajar un verano para ir a su lado. Esto le permitió regresar a su casa de nacimiento, al pueblo costero que la vio crecer y del cual se fue cuando tuvo que salir para ejercer su profesión. En este contexto apareció Karan, un colega con el que Andrea había coincidido en la etapa juvenil, en la escuela formadora de docentes, y a quien por muchos años dejó de ver. Las redes sociales contribuyeron a un encuentro a distancia, pero con una presencia muy emotiva, enriquecedora y transformadora, que encendió una chispa divina que prendió la quimera y la vida de Andrea. Las extraordinarias vivencias al lado de su padre, estar en casa de la familia de origen, en esa tierra cálida y acogedora, le hizo recordar, rememorar y vivir sensaciones, emociones y sentimientos muy intensos del pasado y el presente ligados a su familia, así como otros afectos que fueron importantes en su vida donde, por supuesto, Karan ya formaba parte. Todo esto hizo que tuviera un gran sentido de pertenencia y de identidad e hizo que viviera ¡la fiesta de verano, la fiesta del amor!