¿Por qué todavía no hay grandes mujeres en la historia del arte?
Este ensayo no pretende clausurar el debate ni ofrecer una explicación totalizante. Su aportación es más concreta: volver a formular una pregunta que parecía haber sido respondida y mostrar que las condiciones que la originaron no han desaparecido del todo.
Revisar la historia del arte no es una moda ni un ajuste superficial. Es, sencillamente, un ejercicio de atención: volver a mirar cómo se construyó el relato y preguntarse qué quedó fuera y por qué.
Este libro no propone una reparación simbólica ni una corrección cosmética. Propone algo más exigente: mirar de nuevo, con rigor, los casos en que la historia falló. Y al hacerlo, abre la posibilidad de una historia del arte menos complaciente y más exacta.
Porque si la historia no está escrita en piedra, tampoco lo está el canon.
Y quizás el gesto más radical no sea añadir nombres, sino cuestionar las reglas que decidieron quién podía tener uno.