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ISBN 978-607-8810-66-6

Fragmentadas memorias del 19S (2017)
Fragmented memories of september 19 (2017)

Autor:Villegas Solís, Gustavo
Editorial:Secretaría de Cultura de Querétaro
Materia:Estructuras públicas
Público objetivo:General
Publicado:2026-06-01
Número de edición:1
Número de páginas:240
Tamaño:14x21.5cm.
Encuadernación:Tapa blanda o rústica
Soporte:Impreso
Idioma:Español
Inglés

Reseña

El potencial artístico de lo destruido ha llamado la atención de varios artistas desde hace décadas y esta estética alcanzó su apogeo en septiembre de 1966 en Londres, cuando Gustav Metzger (1926-2017) organizó el Destruction in Art Symposium (DIAS, Simposio sobre la Destrucción en el Arte), que reunió a artistas europeos y estadounidenses, así como a algunos latinoamericanos y otros vinculados con el accionismo vienés y el Fluxus. Este encuentro enfatizó el poder creativo de los actos destructivos.

Un sismo de magnitud 7.1, con epicentro a 8 kilómetros al noreste de Chiautla de Tapia, en el estado de Puebla, tuvo lugar el martes 19 de septiembre de 2017 a las 13:14 horas. Fallecieron más de 350 personas, principalmente en la Ciudad de México y los estados de México y Puebla. A los pocos minutos de haber ocurrido y durante días subsecuentes, aparecieron fotografías y videos de construcciones dañadas en los medios informativos y las redes sociales, junto con historias de sus habitantes y datos sobre normas de seguridad que habían sido violadas. Sin embargo, al cabo de unas cuantas semanas, la catástrofe dejó de ser noticia y fuimos olvidando la tragedia.

Vivimos una época de sobreinformación en la que las noticias de un acontecimiento aterrador desplazan y reemplazan las del trauma anterior. A pesar de esta banalización de lo trágico, el sismo devastador del 19 de septiembre de 2017 constituye el punto de partida de la producción artística, esencialmente pictórica, que Gustavo Villegas ha desarrollado desde hace más de tres años y que expuso de manera simultánea, a partir del 12 de marzo de 2026, en dos recintos expositivos de la ciudad de Querétaro. Para El deber de memoria, presentada en la Galería Libertad, y Memorias zurcidas, en el Museo de Arte Contemporáneo Querétaro (MACQ), Villegas, movido por la empatía con las víctimas de este desastre nacional, reorientó su fascinación por la anomia hacia una crítica de los medios de comunicación y emprendió un trabajo memorial opuesto al carácter efímero de la información. Organizó, en paralelo a su oficio de pintor, una recolección de testimonios de sobrevivientes que grabó, transcribió e incorporó a su quehacer pictórico. Para completar esta apropiación, que recuerda al desvío situacionista, Villegas convirtió las entrevistas grabadas en texto con el apoyo de la inteligencia artificial para generar relatos similares a notas periodísticas que imitan el estilo de distintos periódicos. Los que le sirvieron de referencia fueron El Universal, La Jornada, Reforma y Publimetro.

El resultado de estas manipulaciones gráficas y pictóricas es un cuerpo de obra que se divide en tres núcleos. En Ruinas sísmicas como fragmentos se asocian imágenes de edificios derrumbados, recuperadas de redes sociales, con transcripciones de extractos de las entrevistas mencionadas anteriormente. Diferentes tratamientos de la estética periodística dan forma a Ruinas sísmicas como noticia, en la que varias pinturas imitan a la perfección el diseño editorial de portadas y páginas interiores de periódicos del día siguiente al sismo, sustituyendo el texto original por fragmentos de los relatos registrados por Villegas e integrando imágenes al óleo o en acuarela inspiradas en las fotografías que circularon en redes sociales; otras composiciones incorporan áreas monocromáticas para ocultar las imágenes originales de la publicación. Estas áreas sirven al mismo tiempo de soporte para textos breves de carácter altruista, insertos en páginas originales de periódicos del 20 de septiembre de 2017, día posterior al sismo. Zurciendo ruinas sísmicas, por su parte, reúne imágenes elaboradas con retazos de ropa usada, obsequiada al artista por las personas entrevistadas.

Una instalación realizada con polines, que simula salvar el MACQ del derrumbe, remite, al menos en su forma, a otra llevada a cabo en 1987 en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México por Mauricio Maillé, Mauricio Rocha y Gabriel Orozco. A pesar de la carga crítica que expresaba esta obra, Apuntalamiento para nuestras ruinas modernas cumplía también una función memorial, pues fue expuesta apenas dos años después del tremendo e histórico sismo de 1985 que traumatizó al país. Conviene recordar que los sismos de 1985 y 2017 ocurrieron el mismo día del calendario gregoriano: un 19 de septiembre en ambas ocasiones. Muchos creadores encuentran su fuente de inspiración en acontecimientos del pasado y, gracias al trabajo de memoria asumido por sus obras, se salva del olvido lo ocurrido. Hace 89 años, en una España en plena guerra civil, el lunes 26 de abril de 1937, entre las 16:15 y las 19:30 horas, Guernica, ciudad emblemática de la identidad vasca, fue aplastada por una lluvia de bombas. De no haber inspirado este hecho al pintor español Pablo Picasso, quien realizó, con motivo de la Exposición Universal de 1937 en París, una obra maestra en homenaje a las víctimas, ¿habría acaso permanecido la destrucción de Guernica en la «memoria de la humanidad»? Hoy, lamentablemente, recordar sucesos del pasado provocados por la voluntad humana malintencionada no impide que se repitan, y menos aún en el caso de catástrofes naturales como la que enfatiza el quehacer artístico de Villegas. A pesar de subrayar nuestra impotencia frente a fuerzas telúricas, este proyecto recoge, difunde y comparte el relato de una comunidad afectada por un drama que terminó con la vida de cientos de personas. Lo anterior permite interpretar la propuesta artística de Villegas como un acto de resistencia al olvido y una muestra de empatía ante los avatares de un mundo cada vez más acelerado, complejo y deshumanizado. Con este proyecto, más allá del simple plagio del trabajo de un periodista, Villegas se erige como un antropólogo social que hace suyas dos convicciones compartidas por algunos actores del arte del siglo XX relacionados con corrientes aparentemente contradictorias, aunque complementarias: quienes estaban y siguen convencidos del potencial creativo de la destrucción y quienes consideraban y siguen pensando que el arte posee facultades terapéuticas.

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