Manual de concupiscencia de una niña fresa
Estas letras son un agradecimiento a la vida, un viaje de deliciosas experiencias y amargos desencuentros, de amores y desamores relatados con mi muy particular sentido del humor. En estas mis memorias que hago cuestionando cada creencia que me fue inculcada, descubrí que la vida está hecha para vivirse en plenitud y sin temor a la opinión de los demás. Aquí, comparto contigo mi camino de transformación para llegar a ser la mujer que soy.
Este no es un relato para impresionar sino para recordarte que todo pasa. Que eres más valiente y más grande de lo que crees. Que la vida te revolcará antes de dejarte en aguas calmas para gozar cada pequeño instante y que la edad es sólo un número. Que eres como un lienzo en blanco que puede reinventarse una y otra vez, reconstruyendo su sistema de creencias tantas veces como sea necesario hasta que llegues a abrazarte en tu totalidad con profundo amor.
Es un homenaje a la testarudez, a la rebeldía con causa, al gozo de habitar tu presencia, compartiendo momentos de ligera reflexión, aunque nos hayan enseñado que la reflexión debe ser seria y parsimoniosa, como la adultez. Yo estoy cierta que no es así. Nos hacemos la vida seria y parsimoniosa porque se nos olvida jugar.