Dios
A lo largo de la historia, hemos insistido en atribuirle a Dios rasgos y emociones humanas. Según Reza Aslan, este deseo innato de humanizarlo, convirtiéndolo en «una versión divina de nosotros mismos», está programado en nuestros cerebros. Aslan muestra las consecuencias de esta proyección, y su importancia, pues tienen implicaciones en nuestras religiones, culturas y gobiernos. Al narrar la historia de la religión, con su habitual habilidad verbal, Reza Aslan muestra cómo ésta ha estado marcada por la insistencia por parte de los humanos en darle a Dios rasgos y emociones humanas. Según Aslan, este deseo innato de humanizar a Dios está programado en nuestros cerebros, por lo que es una característica central de casi todas las tradiciones religiosas. Como escribe Aslan, "seamos conscientes o no, y sin importar si somos creyentes o no, lo que la gran mayoría de nosotros piensa cuando piensa en Dios es una versión divina de nosotros mismos". Esta proyección tiene consecuencias, pues le otorgamos a Dios no solo todo lo bueno de la naturaleza humana -nuestra compasión, nuestro afán de justicia- sino también todo lo malo: nuestra avaricia, nuestro fanatismo, nuestra inclinación a la violencia. Todas estas cualidades informan nuestras religiones, culturas y gobiernos.