Huye de mí, de la tierra al cielo
A través de cincuenta y dos textos, haciendo gala de brevedad y audacia, la prosa de Salazar se mezcla sin envanecimientos con diversas raíces. El
autor conversa con Borges, David Bowie, Rabelais, Shakespeare, Sabina,
Lactancio, entre otros, y, por supuesto, consigo mismo, desde las tierras de algún barrio del desierto de Chihuahua o en la Mesopotamia, hasta los cielos de Zoroastro y Xocoyotsin, y de los dioses del panteón yoruba o del griego. En una suerte de diálogos intra e intertextuales, el autor teje su prosa deshinibida y desprovista de facilísimos, que se encuentra
virtuosamente con las ilustraciones de José María Baca Aguirre.