Malintzin
Voz de dos mundos
En 1519 llegaron los españoles a Tabasco. Ahí hubo una batalla y, al perder, los pueblos entregaron, como se acostumbraba, regalos y veinte mujeres jóvenes. Entre ellas estaba Malintzin. La bautizaron como Marina. Los indígenas la llamaban Malintzin, y los españoles, Doña Marina.
Malintzin, nació en un pueblo náhuatl cerca del río Coatzacoalcos. Ella era de familia noble y hablaba dos lenguas desde niña, y ya adulta aprendió además maya yucateo y chontal ¡cuatro lenguas! Fue una mujer muy inteligente que, en medio de una vida muy dura, supo sobrevivir y se convirtió en algo más grande, en un puente entre dos mundos.
Hernán Cortés y los españoles hablaban en castellano y decía cosas complicadas sobre su religión y sobre cómo querían gobernar. Malintzin los escuchaba con mucha atención, y en su cabeza buscaba cómo explicar esas ideas en náhuatl, usando palabras que los gobernantes indígenas pudieran entender. Ellos, a su vez, respondían en náhuatl con sus propias costumbres y creencias. Entonces Malintzin volvía a escuchar, lo pensaba rápido y traducía todo al castellano para que Cortés y los demás españoles pudieran comprender. Era como si cargara en su mente dos mundos diferentes y los hiciera encontrarse en el mismo lugar.