Días y vidas de amor y de huelga
Estampas sobre el movimiento estudiantil de 1999-2000 en la UNAM
En 1999 Ernesto Zedillo ocupaba la silla presidencial y el Partido Revolucionario Institucional gobernaba queriendo convencer a la población mexicana de los beneficios obtenidos por la firma del Tratado de Libre Comercio. Para afrontar la durísima crisis económica que estalló en 1994, a inicios de su sexenio, Zedillo emprendió el rescate bancario, así como de empresarios carreteros e ingenios azucareros e incrementó la ya de por sí enorme deuda externa. Minas, puertos, aeropuertos, ferrocarriles, la exploración petrolera y la comercialización del gas pasaron a manos privadas. En la carrera neoliberal, se concesionaron la distribución del agua potable y el tratamiento de aguas residuales, así como la generación de electricidad. Ni el sistema de comunicación satelital logró salvarse. Que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fuese entregada a los dueños del dinero parecía un trámite de lo más sencillo.
Época lacrada por el discurso de la salvación individual, en dirección contraria a la utopía de la comunidad, la solidaridad y la colectividad, se pensó que bastaría con apelar al egoísmo para imponer, con delicadeza y sin sobresaltos, una agenda cuyos objetivos eran la financiación de la educación superior mediante pagos por derecho de matrícula, la restricción gradual de subsidios, el recorte en el tiempo de permanencia para concluir los estudios y el desentendimiento total del Estado en la materia. Significaba, en suma, una forma poco sutil de expulsar a la mayoría de los estudiantes, es decir, a los pobres.
La huelga encabezada por el Consejo General de Huelga (CGH) inició el 20 de abril de 1999, pero desde un par de meses antes se atisbaban las primeras movilizaciones estudiantiles que llamaban al entonces rector, Francisco Barnés de Castro, al diálogo y a reconsiderar la propuesta del aumento de cuotas aprobada el 15 de marzo de 1999 en el Reglamento General de Pagos.
Doscientos noventa y tres días duró la huelga universitaria del CGH cuyo logro, se acepte o se niegue, fue detener el intento más obvio y agresivo de privatizar la UNAM durante las últimas décadas.