Reflexiones sobre la elección judicial 2025 en México
La elección judicial de 2025 fue un acontecimiento inédito en la historia política mexicana. Por primera vez, jueces, magistrados y ministros fueron elegidos mediante voto ciudadano en un proceso que buscaba acercar la justicia al pueblo, romper con la opacidad de un poder tradicionalmente cerrado y dotar de legitimidad democrática a sus integrantes. El propósito de este libro es recuperar, desde distintas voces y perspectivas, lo que significó ese experimento democrático: sus promesas, sus contradicciones, sus límites y las lecciones que dejó de cara al futuro inmediato. No se trata de un relato único, sino de un mosaico plural que combina testimonios en primera persona, análisis institucionales y reflexiones estratégicas, con la intención de ofrecer un balance crítico y colectivo de una reforma que transformó la relación entre ciudadanía y justicia.
La participación ciudadana apenas alcanzó el 13%, lo que dejó al nuevo Poder Judicial con una legitimidad de origen frágil y cuestionada. La sociedad, en su mayoría, desconocía a los candidatos, y los medios de comunicación no lograron transmitir la relevancia del proceso. Mientras tanto, las redes sociales se convirtieron en el terreno principal de disputa, con intentos de comunicación que oscilaron entre lo pedagógico y lo superficial, y con un riesgo permanente de ridiculización en un ecosistema digital que premia la viralidad por encima de la seriedad. Lo que se pretendía como un acto democratizador terminó siendo percibido por amplios sectores como una improvisación costosa que no resolvió los problemas estructurales de la justicia mexicana.
Los capítulos que conforman este libro exploran, desde diferentes ángulos, los dilemas que la elección dejó al descubierto. La riqueza de esta obra radica en su pluralidad. Los textos no son homogéneos ni buscan una conclusión unívoca; más bien, retratan las múltiples aristas de un proceso que abrió más preguntas que respuestas. La elección judicial de 2025 fue, al mismo tiempo, un acto democratizador y un recordatorio de los riesgos de improvisar reglas en un terreno tan delicado como la justicia. Democratizó en el papel, pero con escasa participación. Abrió la puerta a la deliberación pública, pero con boletas incomprensibles. Permitió a jueces y magistrados mostrarse ante la sociedad, pero bajo normas que los invisibilizaron. Fue, en suma, un laboratorio de contradicciones que refleja las tensiones más amplias de la democracia mexicana.