Malas lenguas
En Malas lenguas alguien lee una biografía y se detiene en un nombre: Bernal. Es el nombre de un personaje secundario, insignificante, que casi no volverá a aparecer en el libro. Para quien lee, sin embargo, ese nombre es la punta de un ovillo enredado y complejo, lleno de secretos, encubrimientos y coartadas. ¿Y si ese personaje sin valor fuera en realidad una pieza central de la vida que la biografía pretende reconstruir? ¿Y si fuera en realidad el objeto que se disputan todos: la biógrafa, el biografiado y la misteriosa criatura que lee la biografía con pies de plomo, tan dispuesta a evitar las trampas que le tienden como a tendernos a nosotros, lectores, sus propias trampas, ¿tan o más arteras y diabólicas que las de la biógrafa? Narrada en primera persona -una voz ácida, manipuladora, capaz de todos los cinismos pero también de las confesiones más desgarradoras-, Malas lenguas es una comedia amarga, a la vez frívola y apasionada, sobre el arte tortuoso de contar una vida, los métodos, trucos y astucias que implica, las ideas de verdad que maneja, la voluntad de revelar o encubrir que pone en juego, la ambición que lo mueve y las consecuencias funestas que puede tener.