El tiempo
El tiempo, de Ingrid Fugellie Gezan, se levanta como una geología de la intemperie: una escritura donde el exilio no es un tema sino una textura ontológica, una grieta que organiza el modo en que la voz habita el mundo. La experiencia del libro es, más que una lectura lineal, un recorrido por un territorio vibratorio que se deja transitar sin promesa de reposo, como si las y los lectores también atravesaran un largo corredor de luz oblicua.
El Tiempo resuena con la pregunta de qué significa habitar un mundo que se mueve, que se quiebra, que no deja de transformarse. Y la poesía de Ingrid Fugellie responde no con una definición, sino con un gesto: habitar es aprender a oír, a ver, a nombrar —aunque sea entre sombras— las microtexturas de la inmensidad y la inefable grandeza de lo pequeño.
Paulina Aroch Fugellie