No son palabras, es poder
Uno de los peligros más serios que enfrenta la Iglesia hoy es la falta de discernimiento bíblico acerca de lo sobrenatural. Con demasiada frecuencia, los cristianos parecen más fascinados por manifestaciones sensacionalistas —tales como el polvo de oro o supuestos diamantes que aparecen “milagrosamente”— que por Cristo mismo. A menudo, estas manifestaciones se han convertido en una distracción, una forma de entretenimiento e incluso un sustituto de la devoción a la persona de Cristo y de la obediencia a Su Palabra.