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Reseña

En México hay una diversidad de instrumentos musicales y objetos sonoros precolombinos rescatados en contextos arqueológicos; la colección del maestro Guillermo Contreras tiene más de cuatro mil instrumentos musicales obtenidos de las diversas regiones geo-culturales del país; pero estamos lejos de suponer que ésa es la cifra total; por ejemplo, en Michoacán hemos recuperado instrumentos que estaban fuera del foco de las personas dedicadas a la etnomusicología, el tenor, un instrumento de cuerda pulsada, mástil y forma de 8, con 5 órdenes de cuerdas dobles de metal usado en la música p’urhépecha; o la armonía de igual especie y con 5 órdenes de cuerdas dobles de metal, usada en Los Balcones; otros sólo están referidos en los relatos de músicos, como “la periquita”, un requinto de cuatro cuerdas, del tamaño de un violín, que punteaba la melodía en la cuenca del río Puruarán, y que nos describieron don Leandro Corona y Vicente Murillo; o el arpa jarabera que aparece en la literatura en el Mazahuacán, al oriente de Michoacán. Por no incluir las variedades de “flautas” de carrizo que cada vez se construyen menos, con la llegada de las de modelo barroco y material plástico.
El tener catalogado un instrumento musical, con su correspondiente ficha, no es una garantía de su “conocimiento”; pues en las fichas falta muchas veces el contexto de uso, por ejemplo, la o las afinaciones que puede tener de acuerdo con los hechos musicales; los procesos constructivos y sus dimensiones. En la Costa Sierra de Michoacán distingue la “jarana” de la “guitarra de golpe”, por el ancho de los aros, su sonido “ladino”, menos grave, y por su uso para el ámbito ritual en las funciones religiosas; así que un instrumento musical que puede parecernos “el mismo”, es diferenciado por su timbre, por su dimensión y su contexto de uso.
El estudio de los instrumentos musicales puede ser entonces una disciplina en sí misma, como ha propuesto Víctor Hernández Vaca con la etnolaudería, a partir de su construcción; pero también desde otras perspectivas, como la historia, la arqueología y las demás disciplinas sociales y humanísticas.
Estamos lejos de conocer algo todavía sobre los instrumentos musicales y menos sobre los objetos sonoros que, en contextos arqueológicos, han perdido las formas y objetivos de uso; sin embargo, a lo largo de las cuatro partes en que dividimos este libro, podemos recuperar algunas propuestas para su análisis. Iniciamos con los objetos arqueológicos, de tarascos y pirindas, en colecciones museísticas analizados con una perspectiva arqueológica e histórica, manejada por Dante Bernardo Martínez Vázquez que combina fuentes históricas y arqueológicas, y una arqueomusicológica, que hace sonar los instrumentos para registrar frecuencias y alturas en la música occidental, pero con una intención descentrada, realizada por Héctor Isaac Borges Montaño.
La segunda parte se dedica a explorar al objeto sonoro en la danza, inicia con los toros de carnaval en Tacámbaro, registro realizado por Ulises Salazar, quien describe dos momentos en la fiesta, que trajeron cambios en la dotación instrumental y por ello también tímbricos. En seguida Ana Cristina González Villanueva y Victoria Jiménez Ramos analizan la danza del paloteo en Puruándiro, caracterizada por el entrechoque de los “palos” que los danzantes portan en sus manos.
Sigue una tercera parte que se ocupa de los objetos sonoros en los paisajes, la corporalidad y los discursos, para ello Sonia Medrano Ruiz y Luis Díaz Santana recuperan el papel de la música vida cotidiana de Zacatecas, y para ello usan como fuente los escritos periodísticos de Luis G. Ledezma, quien da cuenta de la vida del ilustre músico zacatecano Genaro Codina, quien inició junto con sus hermanos tocando un arpa de juguete. Sigue la propuesta de Elizabeth Avendaño Sayagua quien analiza el papel que tiene el cuerpo como mediador entre la música y el baile a través del zapateado sobre la tabla. Continúa Jorge Daniel Salas Mier, quien utiliza las coplas presentes en la lírica tradicional de la Tierra Caliente para mostrarnos que en ellas y sus versos hay referencias a los instrumentos musicales, los objetos sonoros y la fiesta, formando discursos que sentencian sobre la conducta humana.
La cuarta sección se refiere al comercio, la identidad y las prácticas sociales que propician los objetos sonoros, para ello Jorge Amós Martínez Ayalanos muestra el papel que ha tenido el Estado mexicano en la construcción de la identidad social del gremio de guitarreros en Paracho. En seguida Carlos Flores Claudio nos cuenta la historia del negocio musical de la familia Veerkamp un referente para muchos músicos de la Tierra Caliente. Prosigue en el mismo tenor Igael González Sánchez, quien nos platica una migración igual de distante pero más reciente, el de constructores y comercializadores de tambores yembé de África occidental a nuestro país.
La última parte nos muestra las rutas que generan parentescos en los objetos y las prácticas sonoras, para ello Alejandro Martínez de la Rosa nos refiere un circuito comercial antiguo, entre el norte de Perú y la Costa del Pacífico mexicano, centrado en las arpas que en Tixtla y la Costa Chica muestran características semejantes a las Lambayeque, en Perú. Termina el libro con el trabajo de Eduardo Martínez Muñoz sobre la trompeta en el mariachi, que inició a fines del siglo XIX, cuando llegaron los pistones y otros instrumentos de aliento al mariachi.
Con cantos y con vihuelas... se conquistan las mozuelas, reza el refrán popular, y nos muestra que el instrumento musical es un “mediador” entre prácticas sociales, intenciones individuales, estéticas colectivas, rutas de comercio y mercados musicales, en contextos cotidianos, fiestas religiosas y profanas; en ellas, la dimensión del cuerpo y el género de quien construye y usa el instrumento son importantes. Llegar a estas afirmaciones requirió de fuentes diversas: objetos arqueológicos, periódicos de siglos pasados, entrevistas con intención etnográfica, necesitamos usar mapas, fotografías, programas para hacer análisis de frecuencia, estadística de comercio, diccionarios antiguos, crónicas de frailes, transcribir partituras y una buena cantidad de ingenio, que nos permitiera mirar al instrumento y escucharlo sobre la música. Esperamos caro lector o lectora que este volumen te permita reflexionar sobre algunos de los elementos de la práctica musical.

Morelia, Michoacán, día de Santa Cecilia, 22 de noviembre de 2025, a quien celebramos...Con cantos y con vihuelas...

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