Ciudad pactada
México, siglo XVII
El siglo XVII fue, para los habitantes de la ciudad de México, una época de profundos cambios. Desastres naturales, epidemias y motines marcaron su vida cotidiana. Los terremotos e inundaciones obligaron a reconstruir templos, conventos, palacios y casas de vecindad; también exigieron titánicas infraestructuras para desaguar la cuenca lacustre. Las recurrentes enfermedades generaron un sentimiento de impotencia que llevó a las autoridades civiles y eclesiásticas a buscar soluciones milagrosas en santos e imágenes.
A pesar de ello, un constante ciclo de fiestas religiosas y los lazos corporativos y clientelares contribuyeron a mantener una relativa estabilidad. Sin embargo, una población marginada, siempre sujeta a la explotación, mostró su descontento en dos motines que provocaron violencia y destrucción. Las desigualdades sociales, visibles tanto en la traza como en los barrios periféricos –espacios densamente habitados y heterogéneos–, hicieron necesaria una continúa negociación y la construcción de pactos entre los habitantes de la ciudad: acuerdos entre autoridades y súbditos, sacerdotes y fieles, creyentes y fuerzas celestiales, y entre las distintas etnias.
En esta centuria, la ciudad de México era el mayor emplazamiento urbano de América. Al estar también en el cruce de los caminos internacionales, se volvió multiétnica y pluricultural y, con ello, la ciudad más cosmopolita del planeta.