Latir
Una noche, el corazón de una madre se detiene casi por completo. La frecuencia cae a 28 latidos por minuto. A partir de ese instante, todo se vuelve urgencia: pasillos iluminados de madrugada, médicos que preguntan “¿quién eres?, ¿dónde estás?”, familiares que esperan en un campamento improvisado frente al hospital.
En Latir, Carlos Oliva Mendoza convierte esa experiencia límite —la hospitalización de su madre en La Raza, en la Ciudad de México— en una narración íntima y lúcida sobre lo que significa acompañar a alguien cuando la muerte asoma. Mientras el marcapasos externo, los cables y las intervenciones quirúrgicas intentan restablecer el ritmo del corazón, el narrador se enfrenta también a sus propias fracturas: la distancia con sus hijos, la memoria del temblor del 85, la conciencia de que vivir es ir muriendo.
El hospital aparece como un microcosmos ferozmente humano: enfermeras que sostienen la vida con discreta sabiduría, residentes exhaustos, familiares que rezan, negocian, leen o simplemente esperan. Allí se revela una verdad incómoda: la salud es, quizá, el olvido momentáneo de la muerte; la enfermedad, su recordatorio más brutal.
Con una prosa que oscila entre la reflexión filosófica y la ternura cotidiana, Latir explora el cuerpo intervenido por la tecnología, el vínculo filial y la fragilidad que nos atraviesa a todos. Más que la historia de una operación, este libro es la crónica de un latido compartido: el de una madre que vuelve, el de un hijo que acompaña, el de una familia que aprende que cada día ganado es también una forma de renacer.