La libertad está en el viento
Comprendimos la palabra de la calle, cuando aprendimos a leer el odio y la violencia con la que nos atacaban la policía y el ejército. Después, ante la cerrazón del gobierno, aprendimos a pensar con palabras, a hablar y a argumentar en las asambleas generales, con nuestras familias, con los amigos, y a salto de mata en los mítines relámpago, en los camiones, en los barrios, en los mercados, con los trabajadores, con los ciudadanos de a pie, con las amas de casa, con el pueblo.
Así aprendimos las nuevas palabras, más tarde aprendimos a escribirlas, nos convertimos en escritores efímeros, escribíamos en volantes, en carteles, en mantas, en paredes, en camiones de pasajeros, en banquetas, en pegotes, sobre billetes y con cal, hasta en los cerros.
Nacieron entonces las palabras críticas, rebeldes, revolucionarias, anunciando así́ que, por fin, gracias al esfuerzo de los estudiantes, una nueva e insumisa sociedad estaba naciendo en nuestro país.