Fallas
En un primer nivel, Fallas puede entenderse como un testimonio del sismo del 12 de enero de 2010 en Haití. En este sentido, destaca el importante trabajo de memoria que Lahens lleva a cabo —cercano a la literatura testimonial sobre los sismos de 1985 y 2017 en México—, así como la riqueza poética con la que narra de manera cruda y sumamente vívida los segundos del temblor y la sinceridad con la que retrata sus consecuencias. A medida que avanzamos en la lectura, descubrimos que la obra también es una profunda y detallada reflexión sobre la historia, la cultura, la política y, en general, la actualidad haitiana. Además de todas estas dimensiones, se entrelazan a su vez el duelo personal, la denuncia, la observación crítica y la experiencia de la autora como ciudadana, escritora e intelectual.
Lahens nos guía, además, por momentos clave de la historia del Caribe y del mundo, invitándonos a cuestionar las narrativas simplistas y los discursos hegemónicos que han reducido a Haití a representaciones racistas, exotizantes o completamente negativas que no matizan ningún aspecto. En este sentido, Fallas es también un acto de resistencia, una reivindicación de la memoria y una afirmación del derecho de toda la región del Caribe a ser vista en toda su complejidad histórica. Además de destacar el importante rol de la colonización y el establecimiento de los sistemas esclavistas de las plantaciones en la actualidad de su país, Lahens también nos acerca a la literatura, el conocimiento local, la vida cotidiana y las tradiciones, con el fin de ampliar horizontes, desafiar prejuicios y proponer nuevas formas de mirar el mundo. Aunque la obra se escribió y publicó hace más de 15 años, su relevancia es indiscutible, especialmente en un momento en el que el racismo y otras formas de discriminación siguen encontrando cobijo en innumerables discursos.