Cleopatra
CONOCEN MI NOMBRE.
PERO NO ME CONOCEN A MÍ.
Sus historiadores me llaman seductora, pero siempre fui esclava del amor.
Sus dramaturgos hablan de brujería, pero mis talentos procedían de los mismísimos dioses.
Sus poetas cantan sobre mi sed de sangre, pero siempre estaba protegiendo a mis hijos.
Con qué empeño se niegan a reconocer que una mujer podía ser poderosa, estratégica, gobernar por bendición divina.
La muerte no continuará silenciándome.
Esta no es la historia de cómo morí. Sino de cómo viví.