Apuntes sobre aridoestética. XX aniversario de la Compañía Gorguz Teatro
No son contenidos o lenguajes conceptuales lo que la poesía de Balam Rodrigo privilegia, ni el estético placer de la palabra por la palabra misma: lo suyo atiende el compromiso con las experiencias vitales de su propia existencia. El tañedor de cadáveres es un libro escrito con maestría y amor a la vida; es el canto de los que nacieron sin nada y morirán sin nada; la épica de los desposeídos que, sin otra esperanza que la de un bocado para mitigar el hambre, se dan a la tarea noble, cotidiana, de renovar los mil oficios de la sobrevivencia miserable; son los verdaderos héroes de la humanidad que de alguna manera se las han ingeniado para hacerse escuchar por boca del poeta. Si Píndaro canta las proezas de atletas con nombres propios e innegable trayectoria personal, Balam Rodrigo oficia la de seres de terrible e inmerecido sufrimiento, las víctimas del capitalismo salvaje en cualquier parte de nuestro planeta. El tañedor de cadáveres no es, entre los muchos libros, un libro más, sino el que viene a dar la batalla contra el olvido. // Enrique Noriega