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ISBN 978-607-69458-7-2

Santa Juana De Arco
La heroína de Dios

Autor:Peña O.A.R., P. Angel
Editorial:Comunidad Fuego en el Espíritu
Materia:Filosofía y teoría de la religión
Público objetivo:General
Publicado:2026-02-28
Número de edición:1
Número de páginas:194
Tamaño:13.7x21cm.
Precio:$120
Encuadernación:Tapa blanda o rústica
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Introducción
Santa Juana de Arco (1412–1431) nació en Domrémy, un pequeño pueblo de Francia, en una familia campesina sencilla y profundamente creyente. No sabía leer ni escribir y nunca recibió formación militar. Humanamente, era una adolescente común.

Pero a los 13 años comenzó a experimentar lo que ella describía como “voces” y visiones de santos —entre ellos San Miguel Arcángel, Santa Catalina y Santa Margarita— que la llamaban a una misión concreta: ayudar a Francia en plena Guerra de los Cien Años y conducir al delfín Carlos a su coronación legítima.

Lo sorprendente es que, siendo una joven campesina, logró convencer a autoridades militares y religiosas de que la dejaran presentarse ante el futuro rey. Su firmeza, claridad y convicción impresionaban incluso a teólogos que la examinaron cuidadosamente.

Juana no era una estratega profesional, pero su presencia levantó la moral del ejército francés. Participó en la liberación de Orleans y acompañó al rey hasta su coronación en Reims en 1429. Siempre insistía en que su misión era de Dios, no personal.

Sin embargo, fue capturada por enemigos políticos, entregada a los ingleses y sometida a un juicio eclesiástico profundamente injusto. Tenía apenas 19 años. Fue acusada de herejía y brujería, y finalmente condenada a morir en la hoguera en 1431. Murió invocando el nombre de Jesús.

Años después, el mismo tribunal fue revisado y declarado inválido. Fue canonizada en 1920.

El libro de su vida no solo narra batallas; muestra una fe firme, una obediencia profunda a Dios, una valentía extraordinaria y una conciencia limpia incluso ante la persecución.

Juana enseña algo muy fuerte:
cuando la conciencia está clara ante Dios, no hay poder humano que pueda apagarla.

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