Lucha Libre, a tres caídas sin límite de tiempo
En nuestra cultura popular urbana, un deporte y espectáculo
singular, importado hace muchos años de otros países, se convirtió
en algo propio: la lucha libre. Gracias a las formas particulares que
le han dado quienes desde hace casi un siglo están inmersos en ella
la han convertido en una especie de fenómeno trascendente cuya práctica se ha extendido a otros espacios y geografías. La lucha libre es vista ya como símbolo de mexicanidad. ¿Cómo se fue conformando ese mundo donde todos los participantes –luchadores, réferis, empresarios, comerciantes y público– se identificaron como una estirpe? ¿Cómo entender el sentido profundo que tiene para quienes le dieron vida y para la sociedad mexicana en general? ¿Cuáles son sus orígenes? ¿Cómo llegó a México? ¿Quiénes la impulsaron para convertirse en esa gran pasión de aficionados? Para averiguar cuáles son las llaves y contrallaves que han arraigado a la lucha libre en la cultura de este país, Artes de México invitó a Orlando Jiménez Ruiz, réferi e historiador de la lucha, para encabezar un equipo de conocedores con la pasión y el rigor necesarios para explorar estas claves con conceptos y lenguajes de diversas disciplinas sociales, del arte y la literatura, sin dejar de lado al periodismo. En la primera caída que se libra en estas páginas, Jiménez Ruiz –alias El Crítico Enmascarado y también El Furioso– sostiene una conversación con cuatro luchadores para trazar los antecedentes históricos de la lucha libre y de sus pioneros: desde las primeras exhibiciones en los circos y teatros porfirianos hasta el surgimiento de nuevos estilos, personajes y públicos que ha traído consigo la transmisión televisiva de los combates, pasando por el prolífico cine de luchadores y la larga nómina de promotores y gladiadores. Janina Möbius analiza la lucha libre en el contexto de la pretendida
modernización del país durante la década de 1940 y su significado social. En la arena un público marginal podía encontrar desahogo a las injusticias y a las carencias cotidianas, experimentar una catarsis. Es ahí donde la identificación con los luchadores-héroes-dioses se da plenamente, donde la distancia entre los que están arriba del ring y el público deja de existir.