Los clásicos. valor, distribución y dimensiones básicas
En la actualidad, y desde hace varias décadas, la atención que, en términos generales, se les presta a los economistas clásicos es bastante limitada. Como sucede en muchas disciplinas, a los clásicos de la economía se les ve como autores a los que todos hacen referencia, pero pocos leen, y menos, estudian. Por lo mismo, se esgrime una gran cantidad de falsedades sobre su pensamiento, usualmente con citas de segunda mano, con frases hechas que simplifican sus postulados y los sacan de contexto. Casi siempre se les utiliza con propósitos puramente ideológicos, sin intención alguna de identificar los problemas y conflictos que plantearon, las causas que abrazaron y su postura política a favor de cambios sociales progresistas.
En los tiempos que corren, cuando la profunda crisis que campea en el sistema capitalista y las transformaciones que acarrea le imponen nuevos retos al pensamiento económico, volver a los clásicos permite recuperar el basamento teórico y metodológico que funda la disciplina y, desde ahí, identificar claramente la forma y el alcance con los que los principales paradigmas han abordado la producción, la distribución del producto social, así como el crecimiento y sus condiciones objetivas, temas que ellos mismo ubicaron como los fundamentales para el análisis y la comprensión del desenvolvimiento de la economía.
Asumir la perspectiva analítica de largo alcance que distingue a la economía política clásica resulta invaluable para encarar el momento histórico que atraviesa el mundo actual. Su visión macroeconómica, estructural y dinámica, contrapuesta a los enfoques dominantes en la teoría económica, amplía la capacidad de explicar una realidad social marcada por el estancamiento económico y la descomposición del capitalismo.
Para contribuir a ello, este libro propone una lectura crítica y sistemática de las teorías de los economistas clásicos. La atención se centra, en particular, en tres aspectos.
En el primer capítulo, «La teoría del valor en la economía política clásica: Smith y Ricardo», se realiza una evaluación crítica de las teorías del valor de Smith y de Ricardo. El papel preponderante que desempeñan para medir el excedente y analizar la distribución del producto, dado el imperativo de homogeneizar las magnitudes heterogéneas de las categorías involucradas. El texto subraya los aportes de la teoría del valor de Smith y las inconsistencias que surgen al oscilar entre el trabajo incorporado y el trabajo comandado, así como los límites que impone no distinguir entre trabajo y fuerza de trabajo. Destaca también el mérito de Ricardo al reafirmar que el trabajo desplegado en la producción es la sustancia del valor y, desde ese precepto, abordar el problema de la distribución.
El segundo capítulo, «Distribución y excedente económico en Ricardo. Continuidad y ruptura en los marginalistas y Marx», parte de la importancia que el autor inglés otorga a la distribución del producto social como el problema fundamental de la economía. Se argumenta el acierto de Ricardo por haber ubicado en el espacio de la producción los determinantes básicos del valor y del propio proceso distributivo. A partir de la revisión de sus dos modelos analíticos, se discuten las rutas divergentes que siguen los marginalistas y Marx. Por un lado, la falsificación que el marginalismo hace de los planteamientos de Ricardo y la manera en la que pretende borrar el excedente económico mediante la noción de productividad marginal. En contraste, la crítica de Marx a Ricardo lo lleva a explicar el origen del excedente y, por medio de una nueva formulación de la teoría del valor, el esclarecimiento de la relación salarial y la teoría de la plusvalía, a explicar, los mecanismos de la distribución del producto social en el capitalismo.
El libro finaliza con el capítulo «La visión clásica. Notas sobre sus dimensiones básicas», traza el perfil básico de la teorización de la Economía Política Clásica y expone los aspectos más genéricos y decisivos de su teoría, así como la coherencia de su práctica metodológica, regida por la racionalidad científica. Los economistas clásicos se caracterizan por mantener una visión macroeconómica, estructural y dinámica que tiene al desarrollo como preocupación central; una visión conflictiva de la realidad y una posición militante que, en su época, responde a los intereses de la burguesía industrial en ascenso. Se hace patente el carácter radical y progresista que distinguió a la economía clásica y su importancia para cimentar las mejores tradiciones del pensamiento económico.