Cuando estoy contento me gusta jugar a que estoy triste
(y otros cuentos cortos desgraciados)
En estos cuentos —tristes, incómodos, feroces— el dolor se transforma en risa y el absurdo se vuelve una forma de lucidez. Aquí conviven hombres que venden sus pedos, muertos educados, poetas mamados, fetos terroristas y amores que nunca llegan porque se quedaron varados en Correos de México.
Este libro es para quienes disfrutan el humor negro, la ironía cruel y los relatos que incomodan mientras hacen reír. Una vez que empieces, entenderás por qué jugar a estar triste puede ser tan placentero.