Un repaso de mis pasos
Regresé por primera vez a Guadalajara a principios de 1959, luego lo haría tres veces más… La última fue en 1989. Desde entonces mis reales quedaron bien asentados aquí, aunque no he dejado de ir y venir a la capital y a otros lugares sin que mi ausencia haya llegado a ser nunca mayor de un par de meses. Mis destinos, por cierto, no han sido muy variados. Aunque no parezca concordar con una república federal como dice ser la nuestra, resulta indispensable ir con mucha frecuencia a “resolver asuntos” a la Capital, de ahí que haya habido estancias en ella de muy diferente duración: desde algunos días hasta nomás de unas cuantas horas.
Pero también he deambulado prácticamente por todo el resto del país. Pocos rincones se me han escapado, en especial de lugares extremos y fronterizos, incluyendo el tal Bagdad, ignorado por la mayoría de los mexicanos, junto a la desembocadura del río Bravo en Tamaulipas.
Asimismo, he frecuentado otros países de América, incluyendo Estados Unidos, donde, por cierto, nunca me he sentido bien. Como decimos en Jalisco: “no me hallo”, mientras que sí es el caso en todos los demás lugares de este continente que he tenido la oportunidad de estar; en casi todos ellos siento que me podría quedar a vivir, si fuera necesario.
No obstante, cuando ya paso de tres o cuatro semanas fuera de casa, echo mucho de menos los atardeceres tapatíos, el jugo de lima, mi box spring, mi biblioteca y los cuatro espléndidos parques de la colonia Providencia, que me envuelven.
En Europa sí siento que me daría más trabajo hallarme, incluyendo a Cataluña donde tengo tantas querencias. Pero si fuera muy conveniente o necesario, creo que podría sentar mis reales también en esa costa del Mediterráneo.
De cualquier manera, agradezco a la vida no haberme visto obligado a experimentarlo, En mi rinconcito, al noroeste del municipio tapatío, casi colindando con Zapopan, ahora siento que no necesito más.
Me identifico plenamente con lo que decía el famoso historiador tapatío José López-Portillo y Weber de su mamá y sus tías, que “viajaron por el mundo hasta que se convencieron de que el mejor lugar era Guadalajara”. Me ha gustado salir, pero también me ha hecho siempre muy feliz volver, a pesar de tantos desfiguros de que ha sido víctima nuestra ciudad por obra y gracia de tapatíos destacados.