Trillar el árbol
Estar presente en todas las etapas de la vida es el objetivo mismo de la vida y de los seres que en ella habitan, sin apartar por eso o aquello la vista de lo incognoscible, del todo movimiento en el todo y sus contornos que juegan a ser fronteras; pensarse como la hoja que desciende en su único y último vuelo, ella que admiró al viento y pudo tocar los colores de las tardes, el canto y el vuelo de los pájaros, saberse un árbol que se desprende de las piedras y asciende en busca del sol y los astros cual cohete orgánico, que lleva en su corteza los versos tañidos en verdad y sólidas maderas. Semillas nocturnas caídas del cenit como aerolitos de aromas diversos, equiparan un puente entre la atmósfera y los versos que irrigan bosques y planetas. Aquel que posiblemente también sueña con transmigrar mundos entre raíces, o saberse sustrato a donde todo yace, la metafísica del verbo vuelto fruta y semilla otra vez y escribir caminos ignotos para pies que recién nacen. Todo es un ciclo, por ende, todo se vive y todo se muere a diario, de un otoño a otro, de un adiós a una bienvenida…