El pecado de ser
ser yo, nunca debió doler
No debería ser motivo de rechazo, ni de exilio, el
hecho de decidir ser quien realmente eres. Mucho
menos que esa sea la razón por la que tus padres y
amigos te den la espalda.
Pero ese fue el caso de Javier. Él a pesar de que no
entendía del todo lo que sucedía en su vida personal,
y sus sentimientos, fue descubierto cometiendo uno
de los pecados más grandes, según sus padres,
quienes actuaban siempre de acuerdo a la voluntad
de "su dios". Aunque eso significara detestar lo que
más amaban.
Forzado a abandonar la vida a la que estaba
acostumbrado, se expuso a grandes peligros y a
personas con intenciones ocultas que lo llevarían al
límite para sacarle el máximo provecho.
La vida de Javier estaba por cambiar, y no para bien.