Sueños y apariciones
En sus cuentos inquietantes y sobrenaturales, todo lo fantástico se da por hecho. La magia se fija como si fuera algo visto el día de ayer en la noche tenebrosa, y si lo narrado son realidades o no, culpa será de una formidable capacidad e inventiva para que lo sean. O para hacernos creer que lo son. Da la impresión de tener la narradora una necesidad de contar más y más historias de sus verdades irracionales, de tergiversar lo aceptado como certezas incursionando de manera original y provocadora en cuentos de hadas sombríos en clave de horror. De susurros en rincones oscuros que producen lo que Lovecraft definía como la “más antigua y más fuerte emoción de la humanidad: el miedo”. Y de este, “el miedo a lo desconocido”.
“Cuando crecí me daba miedo”, dice con ingenuidad taimada la narradora refiriéndose a lo que fuera. Y es que, si alguien es capaz de mezclar fríamente teatros tenebrosos, noches de insomnio con sueños y pesadillas, frijol con puerco con zombies, es capaz de mucho más.
Ahora, lo que le espera es una vida dedicada a batallar con la palabra escrita. Joven, íntegra y modesta, sin la mínima preocupación por la estrategia del ego, al premiado “Sueños y apariciones” le esperan otros títulos: lo tiene todo para esperar de Samia un futuro en el feliz silencio de ese oficio terrible.