Fortuna de liebres
A propósito de una liebre ¿qué podrá movilizar la criatura ahí en el juego con los materiales y las fuerzas? Se trata de un momento en el que ocurre un juego de contigüidades entre la potencia de ser afectada por los elementos y el lance vital, orgánico y germinativo, en tanto brote, del devenir mundo con las sensaciones. No es lo dado por el mundo, sino la potencia de trazar la “sílaba curva” y “la rama de brezo” en su deslizamiento sobre lo grave. Decimos aquí como hipótesis: aparece una fabulación-tierra que no está ya en esa vida ni en esa sensación que antecede a lo criatural. Aparece una tercera línea que ha incursionado hacia un extrañamiento de sí. La criatura ha llevado sus afecciones hacia algo nuevo, y a su vez toma los elementos de las sensaciones que le preceden para para producir la disyunción de su fabular-tierra.
El fabular tierra se sostiene por sí mismo a través de un juego de urdimbre y balance. Se ha vuelto obra germinativa que reitera la apertura como acto de creación, sin el convencional opus como obra creada-obra cerrada, así que no es tan sólo un opus (trabajo cerrado que se entrega a alguien), sino es también el movimiento que alcanza algo más allá de lo creado a través del extrañamiento y que se expresa en la sensación de la lectura. Esa es la disyunción operaria en el poema como gesto de infinitud.
Ahí, precisamente en los materiales en movimiento también se fabula: han sido mezclados y recompuestos para producir otra cosa: una nueva relación de sonido y potencia. Una nueva forma del canto popular y de reclamo.
Jorge Eslinar.