Moneda en el aire (1986-1998)
¿Por qué pervive nuestro fervor futbolístico? Este libro de León Krauze resuelve el misterio con espléndidas razones. En primer lugar, el público es su propio espectáculo: aunque el partido sea un desastre, las tribunas se festejan a sí mismas con generosa irracionalidad. Si el árbitro se equivoca favorablemente, surge la descarada gratitud: “¡árbitro justo!”; si los lances bajan de intensidad, se alza la ola; si la goliza es irremediable, brota el consuelo estoico: “lo bueno es que sólo nos ganaron 6 a 1”. Las asambleas del éxtasis que ocurren en el Ángel de la Independencia revelan que la alegría no necesita causas obvias. Cuando Argentina nos derrotó en la final de la Copa América, la gente salió a la calle a celebrar su presencia en la calle.