Huitzitzilingo
un carnaval de la Husateca hidalguense
Hablar de carnaval representa un reto. Hablar de la Huasteca, otro. Cuando la Dirección de Ediciones y Publicaciones de la UAEH me pidió redactar un pequeño libro acerca de este tema, acepté, de un lado, sin realmente darme cuenta de la dificultad para ser original al abordar una cuestión en apariencia sencilla; del otro, porque creía tener en las manos un material etnográfico interesante. Múltiples son, desde mi punto de vista, las opciones falaces al afrontar la cuestión del carnaval. Entienden, unos autores, que esta celebración es sólo diversión, fantasía, locura, licencia, desafíos a la autoridad y a la moral, máscaras, pinturas, u otras letanías en el mismo estilo. Quizás peor todavía: carnaval se vincula con mitos y ritos, religiosidad —aún invertida—, sagrado visitado —o violado— por lo profano, etc. Todas estas herramientas son, es permitido confesarlo, facilidades conceptuales utilizadas por los antropólogos para disimular sus aprietos culturales para “decir” el sentido de los otros —el que escribe no logrará esconder los suyos—. Son útiles, por supuesto. En efecto, el carnaval recela cada una de las expresiones susodichas y todas conjuntamente. El de nuestra comunidad en particular no difiere de esta constatación.