MéxicoMéxico
Detalle
ISBN 978-607-734-283-0

Pared de carne donde antes lo ocular.
Temoc Camacho.

Autores:
Mónica Ramírez Callo
Lorena Peña Brito
Colaboradores:
Alexandra Halteman Aldana (Traductor)
Ana Isabel Quiñonez Ochoa (Fotógrafo)
Lucano Maldonado González (Fotógrafo)
Editorial:Secretaría de Cultura de Jalisco
Materia:Galerías. museos. colecciones privadas
Público objetivo:General
Publicado:2025-11-29
Número de edición:1
Número de páginas:80
Tamaño:12x17cm.
Precio:$120
Encuadernación:Tapa blanda o rústica
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña

Ensayos Pared de carne donde antes lo ocular, deviene de una conversación abierta por el artista en relación al dramaturgo, poeta, actor y teórico Antonin Artaud, que no es reciente, sino que ha ido creciendo, ensayándose paulatinamente durante los últimos años. Si el título de esta exposición confunde, o se siente incorrecto, encuentra allí la razón. Para Artaud había que romper los ligamentos encarnados que la cultura ha implantado sobre las sociedades contemporáneas; como la herramienta más poderosa de la cultura es el lenguaje, él insistía en romperlo, o mejor dicho corromperlo: dejarlo a medias, resquebrajado, sobajado en su interposición con la imagen y con el rugido. La serie de obras que conforman esta exposición sugieren una ruptura con la lógica y la corrección del lenguaje, de la imagen, de lo moral, y de lo domesticado, por no decir “lo civilizado”. Porque en el tono de la “crueldad” invocada por Artaud -una suerte de potencia de lo bestialmente humano- interpela nuestras pulsiones, repulsiones, dolores y desgracias. Nos convoca desprotegidos por la contención y la convención social. Aquí los cuerpos, siempre masculinos, se forman bajo algo parecido a un ritual irracional, que permite que la imagen surja no del pensamiento activo sino del trazo impulsivo, de la ocurrencia no filtrada o mesurada, en contacto directo con la entraña del autor. Se van formando sobre el lienzo o el papel, a veces a medias, o en repetidas ocasiones el mismo personaje, desde una energía que atraviesa más allá a los ojos, las cuencas carnosas, el cuerpo costal de masa muscular, nervios, ramificaciones venosas, vejiga y órganos punzantes. Desde el suyo, nos recuerda que el cuerpo es potencialmente un vehículo de dolor y gozo. Es imposible esconderlo más. Sin historia ni final, sin un “querer decir”, esta pintura es vehemente y busca un no-decir, colocarnos en la disyuntiva entre lo que vemos, lo que queremos ver y lo que no queremos nombrar. Encuentra su sentido en el gesto. La obra de Temoc puede resultar en imágenes infantiles y violentas, o escenas inquietantes y naturales (como la muerte y lo fisiológico), pero su tratamiento hace que nos revuelquen y nos descoloquen, para deleite de lo intestinal, o dolor de lo ocular. Si usted se siente un poco incómodo, sea permisivo, durará poco.en torno a la exposición homónima que se presenta en el Museo Cabañas, donde se aproxima a la obra de Temoc Camacho desde distintas perspectivas. las fotografías cuentan con un texto explicativo

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